Κυριακή, 14 Δεκεμβρίου 2008

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Cómo duele, por Dios, cómo duele.

El pecho oprimido, la angustia constante, la desesperación.

Cómo duelen las palabras que no se dicen.

Las letras se me van, las palabras se hacen insuficientes ¿cómo usar un mecanismo de combinaciones limitadas para describir lo ilimitado, lo eterno, lo inabarcable? ¿Por qué confiar en nomenclaturas humanas para denominar lo inhumano?

Sólo sé que duele y que las palabras no describen lo mucho que duele.

Σάββατο, 29 Νοεμβρίου 2008

De mis preocupaciones.

Odio cómo se estancan.
Así, sin ganas de saber nada nuevo. Creyendo que toda la sabiduría mundial se concentra en las cuotas de la tarjeta Falabella. Asqueándose cuando tienen la posibilidad de aprender un poco más de algo nuevo.
Odio, a veces, a esta juventud pusilánime que no se interesa por nada que no sea inmediato. Que se niega a iluminar un poco su pasado y sacar de él enseñanzas que sólo nos puede dar la experiencia histórica.
Odio la repulsión que sienten por los libros, la tendencia irracional a evitar el estudio, el desprecio que demuestran por quienes decidieron seguir su vocación humanista. Porque en su mundo lo que no tiene la potencialidad de llenar una cuenta bancaria, simplemente es una pérdida de tiempo, ignorando que la riqueza no lleva en la billetera, sino en la cabeza.

Me desespera y me desesperanza.

Σάββατο, 15 Νοεμβρίου 2008

De una conversación

Alguien me dijo algo interesante respecto de lo que pasa cuando se produce un extrañamiento inmenso, cuando la reacción de los otros ante lo que a nosotros nos parece importante es de indiferencia.
Ese sentimiento de contradicción entre lo que se siente internamente y lo que se percibe externamente produce cierto desdoblamento que hace que uno vea su vida como espectador, sentado en una butaca.
Y yo me pregunto ¿cómo es que he vivido toda mi vida viéndome desde afuera? ¿es que el mundo no se parece en nada a lo que espero de él?

Siempre desde afuera y siempre en cámara lenta.

Κυριακή, 9 Νοεμβρίου 2008

Soul meets body

No, no creo que siempre haya sido así. Vengo y voy como diciendo "mírenme que ahí estoy", pero callada tomo mi puesto y bajo la cabeza. Me río de los chistes ajenos con cierta suspicacia -qué es lo que da risa, por qué da risa, para qué da risa-. No necesito esto, no quiero esto. Mi asiento en el metro es de los laterales. Al lado va una señora que tal vez se llama Julia, que se sienta y mira al piso -qué hacer de comida, cómo se me ocurrió subirme al metro a esta hora, cómo sobrevivo a este ritmo, a este día, a estas noches-. No hay gestos faciales. Sólo tedio y algo de impotencia.

Frente a mí, una pareja de escolares se dan besos, demasiado besos para mi gusto. Las manifestaciones públicas de amor deberían ser reguladas por alguna ley (¿o ya lo son?) y se miran libidinosamente -amor para siempre, las manos transpiran, quiero que me miren y que todos sepan que existo-. Nadie está cómodo con el espectáculo. Ni siquiera ellos.


Al frente de los escolares va una joven. No sé su edad. Tiene cara de veinti-tantos y ojos de 90, va ensimismada y no se ríe cuando la guagua de una joven de no más de 15 años le hace chistes -por qué me levanté, para qué me levanté, por qué queman cristianos en India, en qué estaban pensando los mártires, habrá sido linda Juana de Arco, no me gustan los perros, odio la mañana siguiente-. Un pito suena. Afuera otra vez.

Different names for the same thing

Y se llena. Y el comedor se llena, la casa se llena, el mundo se llena.
La voces, los gritos, las risas. Y yo, no me inmuto.
Las luces, el humo, la música. Y yo, no despierto.
Rodeada de sonrisas veraniegas comienzo a sentirme un poco menos parte de algo, si es que existe algo que me congregue, y se alejan, y se alejan.
Las palabras no me salen, porque hay tanta gente hablando de tantas cosas que no importan. Y no importa si relleno con la historia de un amigo, con el cuento de mi tio o con mis pensamientos más profundos y desgarradores. Porque nada importa mucho. Sólo ese griterío, el alcohol que se acaba, el cigarro que no prende. Y el resto, son sólo patrañas del mundo real.
Todos son felices con esa galaxia paralela, mientras a mí me agota. Sigo pensando en que todos se mueven extrañamente mientras los veo bailar y, por alguna razón, dejo de escuchar la música. Sólo se mueven como poseídos.
Parece que, mientras todos se alejan, yo, sin inmutarme ni despertarme, me quedo sentada en la misma silla de siempre, masticando los mismos problemas de siempre y sintiéndome tan poco incorporada al mundo como siempre.

Πέμπτη, 6 Νοεμβρίου 2008

Walk a mile in my shoes

No. El título no tiene que ver con nada. O tal vez sí. No lo sé. Era parte de una canción que venía escuchando camino a mi casa.
Y lo confieso. Confieso que he existido antes. Confieso que tuve antes un blog, confieso todo. Soy culpable. Me llamaba Ana. A veces María. Otras Feliciana. Ya no se puede volver a nacer ni siquiera por este medio. La culpa la tiene la repetitiva selección de palabras y lo que ocurre cuando, sin importar cuándo, cómo ni por qué, las temáticas recurrentes son siempre las mismas. Una y otra vez, una y otra vez.
Por eso. No SOY clara, sólo ESTOY SIENDO Clara. Ud. sabe diferenciar las implicancias de una forma verbal.

Δευτέρα, 3 Νοεμβρίου 2008

La Escafandra y la Mariposa

No lloro con las películas. Las amo, las adoro, me identifico, empatizo, pero nunca, nunca lloro.
No lloro porque reconozco la ficción dentro de nomenclaturas cotidianas y porque me dedico a analizar todo y a asimilar poco. No lloro porque tiendo a bloquear el tipo de emociones que me hacen llorar.
Y ahí estaba. En el cine con una lágrima en la mejilla. Y es que La Escafandra y la Mariposa tiene ese color que tienen los recuerdos, las palabras evocan esa nostalgia que nos remite a tiempos significativos. Tiene las imágenes que decoran las paredes de mi salón de temas sensibles.
Hace siglos que no veía una película que me conmoviera tanto, tal vez nunca lo había hecho.
Siento que se recupera el sentido griego de la tragedia, esa idea de enfrentar una catarsis, de purificarse a través de la liberación de las angustias, de compenetrarse de tal manera con los personajes que se genere empatía, simpatía y compasión. Y el resto... Es purificación pura.